En un artÃculo anterior, cité el caso de una empresa que ofrecÃa contenidos por Internet y estaba bajo el efecto del miedo a cobrar lo que su servicio realmente valÃa. Debido a que este temor es bastante difundido, he elegido avanzar en un ejemplo de la economÃa real.
En particular, quiero analizar el caso de una empresa de servicios sobre la que me comentaron una anécdota, en la que uno de los socios habÃa tenido una discusión con un cliente problemático, que le señalaba que la suma de los costos directos de los servicios que le habÃa ofrecido era inferior al precio que le habÃa cobrado. Algo asà como “si sumo todo, me da 50, y tú cobras 100â€.
Claro está (y creo que mi cliente lo sabÃa, aunque no lo vivÃa en carne propia), su cliente se olvidaba de incluir en los costos los tiempos de organización y coordinación que habÃa invertido el socio en este servicio. Es decir, habÃa armado un paquete de servicios y pretendÃa compararlo con la suma de las partes. A su vez, el servicio incluÃa compartir experiencias con otros clientes de la misma empresa, y el cliente problemático obviaba este valor.
El caso me parece interesante porque es una variante más del temor a cobrar por lo que el servicio vale. En este caso, esta variante consiste en no valorar el trabajo propio, que es el trabajo de organización y coordinación. Es decir: es muy común entre emprendedores, el “sesgo sumativoâ€: creer que el producto vale tanto como la suma de las partes.
El error de base es, ni más ni menos, que “la suma†de las partes la hace alguien, que junta partes para que “valgan másâ€. Esto es tan cierto cuando se cocina una torta de chocolate (que vale más que la suma de harina, huevo, leche, chocolate y esencia de vainilla), como cuando se ofrece un servicio. El tiempo de pensar, organizar, coordinar, contactar clientes, y hasta la experiencia acumulada de quien hace esta tarea, tiene un valor, y debe ser cobrado (¡y comunicado al cliente!).
Irónicamente, muchas veces las personas sin una mirada analÃtica o académica simplifican este problema con mucho más facilidad que quienes tienen mayor capacidad analÃtica. Son muchas las personas que analizan su negocio con una lógica que no recomiendo, pero que por lo menos evita el mal mayor de cobrar de más.
La lógica que menciono es la de fijar los precios en función de lo que quieren ganar. Léase, algo asà como “si quiero ganar $500 en un dÃa, tengo que poder ganar al menos $50 con cada uno de mis 10 clientes, ya que no puedo atender a más de 10 clientes, asà que pongo el precio en $50 por encima de los costos. Si no, no me molesto en trabajar ese dÃaâ€.
Esta no es una fórmula mágica y supone una baja elasticidad al precio (es decir, al cliente no le importa pagar un poco de más). Particularmente, no recomiendo esta fórmula, pero sà creo que hasta una fórmula sencilla como esta es preferible al temor a cobrar de más.
Es decir, la fijación de precios no es una tarea sencilla, pero suele complicarse por los temores de los emprendedores. Mi sugerencia es apoyarse en gente que objetivamente pueda orientar en las decisiones sin un involucramiento emocional.
Nuevamente, no cobrar los servicios por lo que valen, no es sólo un problema de sustentabilidad de la empresa –como si esto fuera poco. Es un problema de percepción del cliente y es una señal de lo que vale el servicio que se ofrece. El temor lleva a la desvaloración.
Si no cobramos lo que valemos, a la larga, no valdremos lo que valemos.
ArtÃculo de Marcos Fontela, de la consultora 80/20, para Financialred.  Más información en http://marcosfontela.wordpress.com/
La experiencia de Marcos Fontela abarca grandes multinacionales, compañÃas de alcance nacional, PyMEs y start ups. Ha trabajando desarrollando el mercado argentino, pero también liderado la expansión en los principales mercados de América Latina.
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