Ante una eventual situación de independencia, una de las decisiones que deberÃa tomar el nuevo gobierno tendrÃa que ver con el manejo de la economÃa del paÃs y su acceso a la financiación internacional. Si tenemos en cuenta que desaparecerÃa el paraguas protector de la Eurozona y que ya actualmente Cataluña tiene cerrado el mercado y su deuda a nivel de bono basura, el empeoramiento de la situación tras la independencia serÃa drástico, con un incremento de su prima de riesgo que podrÃa estimarse por encima de los 1.500 puntos básicos.La primera decisión a tomar por Cataluña es mantener dicha deuda denominada en euros o bien reconvertirla unilateralmente a la nueva divisa. Esto último equivale a efectos tanto de legalidad internacional como prácticos de mercado en llevar a cabo un impago o reestructuración unilateral de la deuda. Una situación que ningún estado desea en tanto que, salvo abundancia de recursos naturales, pasa a convertirse en un apestado internacional que se enfrentarÃa al cierre total y absoluto del mercado de capitales. No parece la decisión más probable, dado que el aumento del coste de financiación del nuevo estado hasta lo insostenible se contagiarÃa también a las empresas catalanas, las cuales deberÃan soportar además el coste de la deuda contraÃda en euros con bancos y proveedores extranjeros. Parece claro que un movimiento unilateral de este tipo cerrarÃa no solamente la puerta a la posibilidad de recurso a la Unión Europea, sino que tampoco cabrÃa la petición de rescate e intervención por parte del Fondo Monetario Internacional.
Descartada, por lo tanto, la posibilidad de un impago unilateral, el nuevo gobierno catalán podrÃa optar por llevar a cabo polÃticas de fuerte ajuste interno para tratar de repagar dicha deuda y lograr ingresos mediante un recorte drástico de gasto y la generación de ingresos procedentes del comercio exterior y recuperar, con los años, el acceso a los mercados de capital. Debido a la necesidad de potenciar la exportación y atraer capital exterior, de manera adicional a los recortes, cabe esperar una devaluación masiva, inflación galopante, desabastecimiento y brecha social desapareciendo la clase media, en un escenario similar al de república post soviética. La dificultad de las empresas catalanas para hacer frente a sus compromisos exteriores llevarÃa a muchas a la quiebra o su traslado, siendo Andorra la jurisdicción inmediatamente más beneficiada de dicha situación.
El euro pasarÃa a ser una divisa extranjera y un nuevo Banco Central de Catalunya emitirÃa moneda propia, devaluada en el entorno del 75%%. Ante la previsible decisión de convertir todos los depósitos denominados en euros a la nueva moneda, cuyo primer efecto serÃa el de situación de pánico entre la población que se precipitarÃa a retirar sus ahorros del sistema bancario secesionista, con el fin de evitar la quiebra del mismo (algo probable), el gobierno establecerÃa un fuertes restricciones al libre movimiento de capitales. Los ciudadanos harÃan lo más inteligente en esa situación: retirar todo el efectivo posible electrónicamente o en una maleta y llevarlo a buen recaudo a un paÃs próximo (Andorra, España, Francia), sorteando los previsibles controles fronterizos, al menos durante un periodo de transición, operando en una economÃa paralela en la cual el euro circularÃa y serÃa cambiado en el mercado negro y aceptado en las transacciones diarias, tal y como sucedÃa en la Argentina del corralito.
No parece razonable pensar que el nuevo gobierno catalán pueda declarar su independencia y seguir siendo miembro de pleno derecho de la Unión Europea. No serÃan de aplicación en Catalunya el Tratado de Maastricht, el Tratado de Lisboa y el Tratado de Roma, lo que pondrÃa fin a la libre circulación de personas y capitales catalanes en Europa. La independencia serÃa una violación clara y sin ambigüedades de la Constitución europea, con todo lo que ello implica. Cualquier proceso de solicitud de nueva admisión implicarÃa años con la habitual negociación y cumplimiento de determinados requisitos, adicionalmente a la aprobación por unanimidad de los miembros.
Parece clara la idea de que una moneda devaluada en el nuevo estado independiente permitirÃa impulsar las exportaciones mediante la ventaja competitiva que ello representa, pero no se tiene en cuenta que el resto de la Unión Europea constituye actualmente el principal socio comercial de Cataluña, por lo que parece muy plausible que la Euro Zona impusiera un arancel a las importaciones catalanas en similar cuantÃa a la devaluación de su moneda, lo que hundirÃa las exportaciones catalanas y provocarÃa la huida de sus empresas a otras jurisdicciones comunitarias. En este caso la Comisión Europea alude explÃcitamente a esta cuestión. Al salir de la Unión Europea se perderÃa también todo acuerdo comercial. Todo lo anterior llevarÃa en un primer momento a caÃdas en el comercio exterior superiores al 50%, deprimiendo todavÃa más la situación económica del nuevo estado.
Atendiendo a las cifras anteriores, en un ejercicio de simulación en el que se considere un escenario de secesión unilateral sin conflicto civil o bélico de podemos estimar que el coste estrictamente económico de la separación ascenderÃa aproximadamente a 250.000 millones de euros, esto es aproximadamente el 125% del PIB catalán.
No deja de ser un punto de referencia sobre una cuestión cuyas consecuencias serÃan en una primera aproximación, y al margen de otro tipo de consideraciones más viscerales, absolutamente negativas desde el punto de vista económico.













