Cuatro cosas que la «Generación Y» debe aprender sobre el dinero

¿Tienes entre 20 y 40 años? Entonces puedes ser considerado como miembro de la Generación Y o “generación del milenio” . Un grupo muy numeroso de ciudadanos mundiales a quienes la crisis de las hipotecas subprime de 2007 y la gran recesión que llegó a partir de 2008 les ha destrozado por completo los principios de su educación económica. Por Pilar Blázquez


La mayoría de los que nacieron entre 1970 y 1990 se han pasado su infancia escuchando consejos que ya no funcionan.

 

Tener un título universitario ya no debe ser el objetivo

En todo el mundo, pero en España especialmente, el gran anhelo de los padres era que sus hijos llegaran a la Universidad y trajeran un título a casa. Muchos miembros de la Generación Y han sido los primeros universitarios de su familia. Un logro que, en muchos más casos de los deseados, apenas ha servido para conseguir un souvenir más ( la famosa orla), que colgar en la pared del salón familiar. La escasa eficiencia de las carreras universitarias para proveer de un seguro de vida laboral a sus propietarios es un mal generalizado. El diario estadounidense Washington Post aseguraba hace unos días que la tasa de desempleo entre los arquitectos es del 13,9%, frente al 11% de las personas con grado en artes.

Está claro, las carreras ya no son lo que eran. Estudiar por estudiar ya no vale. La nueva regla para triunfar es: hacer algo que guste, pero siempre después de haber estudiado las perspectivas de empleo de esa actividad. En definitiva, ser más prácticos.

Se acabó el idilio con las tarjetas de crédito

Antes de la crisis, las tarjetas de crédito eran el compañero inseparable en las carteras de cualquier representante de la generación Y. Conviene recordar que esas tarjetas de crédito basaban su “generosidad” en la obtención de beneficios futuros por parte del propietario y su consiguiente confianza, por parte del banco, en que pagaría lo gastado. Pero esa confianza se ha roto. Muchas familias endeudadas hasta las cejas han perdido el trabajo y su capacidad de pago ha caído por los suelos. ¿El resultado? En España, la morosidad está en los niveles más altos de los últimos 18 años. En EEUU, el 3% de los hogares tiene una morosidad superior a los 30 días.

Regla 2: Se acabó pensar que el trabajo actual es seguro. Hay que ajustar los niveles de deuda al riesgo de perder el trabajo en cualquier momento.

Comprar casa no siempre es una buena inversión

Comprar casas. Esta ha sido la inversión estrella durante años. “Los pisos nunca bajan de precio. Siempre se gana”, repetían como un mantra los padres y abuelos de la Generación Y. Pero la burbuja explotó y los pisos bajaron de precio. Y mucho. Tanto que tendrán que pasar muchos años hasta que los que compraron en la cresta de la burbuja inmobiliaria recuperen su dinero. Eso siendo optimistas, porque habrá muchos que morirán sin esa satisfacción.

Regla 3. Comprar casa ya no es una buena inversión. Quienes se decanten por esta opción frente al alquiler, lo harán por otros motivos como, por ejemplo, pagar menos cada mes que en situación de alquiler. Se acabó aquello de comprar tres o cuatro pisos con un crédito para venderlos a los pocos años y recuperar la inversión con intereses.

Invertir lo antes posible y con frecuencia

La crisis ha conllevado un gran disgusto para los mentores de la Generación Y. Es decir, aquellos que tenían planificada su estrategia de jubilación en base a unos ahorros o inversiones que ahora valen mucho menos. Eso, y los cambios legislativos, les obligan trabajar mucho más allá de aquellos planificados sesenta y pocos años. La lección que han aprendido es que las inversiones a largo plazo no eran tan seguras como les habían contado. Si te toca rescatar el plan de pensiones en plena crisis, toda tu planificación se puede ir a garete. La lección es que la mejor manera de protegerse contra las pérdidas de este tipo es planificar el ahorro de la jubilación de una forma más diversificada y activa. Es decir invertir lo antes posible y en plazos más manejables, recogiendo beneficios y volviendo a reinvertir en lugar de poner todo en un mismo saco y esperar a ver qué ocurre. Es lo que los expertos llaman inversión activa.

Al menos la crisis ha servido para algo, cambiar la forma de manejar el dinero. Haciéndola mucho más humana y manejable.

Esta información fue originalmente publicada en  Mint.com

 

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