El IPC de diciembre ha dejado una lectura clara para muchos bolsillos, la inflación se ha moderado gracias, sobre todo, a la bajada de los carburantes. No es que todo esté más barato, ni mucho menos, pero el precio de la gasolina y el diésel ha vuelto a jugar a favor y ha empujado el índice general hacia abajo justo al cierre del año.
Esto se nota más de lo que parece. Cuando llenas el depósito, cuando coges el coche para trabajar o incluso cuando compras productos que dependen del transporte. Los carburantes tienen un efecto dominó que muchas veces pasa desapercibido, pero que en el IPC pesa, y bastante.
Diciembre suele ser un mes peculiar para la inflación. Hay consumo, hay movimiento, hay viajes, pero este año el comportamiento del petróleo y de los combustibles ha marcado la diferencia. Y eso se ha reflejado directamente en el dato final.
Los carburantes explican buena parte de la bajada
Si miramos el detalle, la caída de los precios de la gasolina y el gasóleo frente a diciembre del año anterior ha sido el factor más relevante para explicar la desaceleración del IPC. No hablamos de céntimos sin importancia, sino de un ajuste claro respecto a los picos que vimos en meses anteriores.
Esto tiene mucho que ver con la evolución del crudo en los mercados internacionales y con una menor presión de la demanda en el tramo final del año. Además, la comparación interanual juega a favor, porque en diciembre del año pasado los precios estaban sensiblemente más altos.
El resultado es que el grupo del transporte ha aportado una variación negativa al índice general. Dicho de forma sencilla, Leer noticia completa en la fuente original















