Leyendo un artÃculo escrito por Ian Bremmer (presidente de Eurasia Group y autor de ‘The End of the Free Market: Who Wins the War Between States and Corporations?’) uno puede encontrarse con información en la cual no habÃa reparado antes, como por ejemplo darse cuenta, en manos de quien está el petróleo hoy.
El autor señala que en realidad, las 13 mayores petroleras del planeta, medidas por sus reservas, pertenecen y son operadas por gobiernos. Saudi Aramco (Arabia Saudita), Gazprom (Rusia), China National Petroleum Corp., National Iranian Oil Co. (Irán), Petróleos de Venezuela, Petrobras (Brasil) y Petronas (Malasia) son más grandes queExxonMobil, la mayor de las petroleras multinacionales del sector privado.
Pero por el contrario de lo que puede parecer, en conjunto, las multinacionales producen sólo 10% de las reservas de crudo y gas del mundo, mientras que las estatales controlan más de 75% de toda la producción de petróleo.
Esto supuso años de cambios, donde tras décadas donde el Estado privatizó y dejó en manos privadas el negocio del petróleo, los gobiernos ha vuelto a la ofensiva.
El dinamismo y el poder de mercado de Estados Unidos, Europa Occidental y Japón —ayudados por la riqueza, las inversiones y las empresas del sector privado— parecÃan haber establecido el dominio delmodelo económico liberal.
Pero el pensamiento económico “ha evolucionado“, donde el capitalismo es fomentado por el Estado, en la cual los gobiernos mueven grandes flujos de capital, con profundas implicaciones para el libre mercado y la polÃtica internacional.
China y Rusia lideran el despliegue estratégico de las empresas estatales y otros gobiernos les siguen los pasos. Un creciente número de gobiernos de paÃses emergentes —en sectores como el militar, generación eléctrica, telecomunicaciones, metalurgia, minerÃa y aviación— no está contenta con regular los mercados, sino que actúan para dominarlos.
Esta actividad de las compañÃas públicas está siendo financiada por una nueva clase de fondos de riqueza soberana, vehÃculos de inversión creados por los Estados, con grandes posiciones en divisas extranjeras diseñados para maximizar el retorno de la inversión estatal.
Para el autor, el motivo final no es económico, maximizar el crecimiento, sino polÃtico, maximizar el poder estatal y las posibilidades de supervivencia de la cúpula gobernante.
La situación ha virado de manera tal, que las multinacionales compiten como nunca con estatales armadas con un sustancial apoyo financiero y polÃtico de sus respectivos gobiernos.
En diciembre de 2006, el gobierno ruso informó a Shell, Mitsubishi y Mitsui que habÃa revocado sus permisos medioambientales para gestionar el proyecto Sajalin 2 —valorado en US$22.000 millones— obligándolas a reducir a la mitad sus participaciones respectivas y concediendo al monopolio ruso de gas natural Gazprom una participación mayoritaria.Para Shell, la decisión supuso la pérdida de 2,5% de sus reservas globales. En junio de 2007, el consorcio privado ruso-británico TNK-BP acordó bajo presión vender a Gazprom su 63% en Russia Petroleum, la compañÃa que poseÃa la licencia para desarrollar el gigantesco yacimiento gasÃfero Kovykta, en el este de Siberia, y su 50% en East Siberian Gas Co.
Asà fue como Gazprom se convirtió en el mayor productor mundial de gas natural, dominando una cuarta parte de las reservas conocidas y con una mayor influencia polÃtica sobre paÃses vecinos dependientes de energÃa como Ucrania.
En 2006, Ecuador acusó a la estadounidense Occidental Petroleum de espionaje y daños medioambientales y ordenó al ejército que tomara el control de sus instalaciones petroleras. Kazajstán suspendió el desarrollo del yacimiento Kashagan en el Mar Caspio, en aquel entonces el mayor hallazgo de petróleo en muchos años.
Y recordemos también los hallazgos de dos pozos petroleros que podrÃan ser los más grandes del mundo, anunciados por Brasil, y en los cuales se encuentran trabajando.
El gobierno de EE.UU. podrÃa responder a estos retos con nuevas barreras a la inversión extranjera, especialmente de firmas estatales. Esta decisión podrÃa provocar una respuesta nacionalista en algunos de estos paÃses emergentes. A medida que crece su participación en los mercados globales, los paÃses que confÃan en el capitalismo estatal para ampliar su influencia económica y polÃtica podrÃan empezar a hacer negocios casi exclusivamente entre ellos, en detrimento de las multinacionales.
Para Ian Bremmer la mayorÃa de las multinacionales que operan en economÃas emergentes ya sabe que tiene que diversificar su exposición al riesgo, al no poder permitirse apostar todo a uno o dos paÃses.
Quienes creen en el capitalismo de libre mercado deben continuar practicando lo que predican.












Ya sabemos que el «capitalismo de libre mercado» es solo una frase hueca, en cuanto les tocan a los gobiernos, o a las grandes empresas, sus fondos, se queda en nada y ya estan pidiendo que los ayuden, los ciudadanos directamente, en el caso de los gobiernos, y del gobierno en el caso de las grandes empresas.
Bueno, en el caso de los gobiernos no lo piden, lo imponen y punto pelota, si te gusta bien, y si no te jorobas.