En el sector financiero no pasan muchas cosas que realmente rompan esquemas, pero cuando ocurre conviene parar y mirar con calma. Ford y General Motors han dado un paso poco habitual: han conseguido autorización para operar con licencia bancaria propia en Estados Unidos. No es una simple ampliación de sus financieras de siempre, es algo bastante más profundo. Hablamos de poder captar depósitos, gestionar ahorro y conceder financiación bajo un marco bancario formal.
Puede sonar lejano o incluso técnico, pero no lo es tanto. Este movimiento cambia el tablero para los productos financieros ligados al automóvil y, de rebote, para el propio sistema financiero. Cuando dos gigantes industriales deciden jugar en terreno bancario, no lo hacen por capricho. Hay estrategia, números y una visión a medio plazo bastante clara.
Qué supone que Ford y GM tengan su propio banco
Lo primero que hay que entender es que no estamos hablando de un banco tradicional de calle, con sucursales y ventanillas. Son bancos industriales, una figura legal que permite a grandes empresas no financieras operar como banco bajo ciertas condiciones. Aun así, podrán aceptar depósitos asegurados y conceder préstamos, algo que hasta ahora dependía de acuerdos con terceros o de financiación mayorista.
Para Ford y GM esto significa una cosa muy concreta: controlar mejor el dinero con el que financian la venta de sus coches. En lugar de acudir constantemente a los mercados para obtener liquidez o depender de bancos externos, pueden captar ahorro directamente de los clientes. Eso reduce costes y da más margen para ajustar condiciones.
Aquí está una de las claves. Si una empresa consigue financiarse más barato, tiene más margen para ofrecer créditos más competitivos, leasing más flexible o incluso nuevos productos de ahorro ligados a la marca. No es inmediato, pero el[…]Leer noticia completa en la fuente original
















