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¿Cuánto tiempo podrá el dólar seguir siendo el rey?

| 15/04/2011 | 0 Comentarios

El dólar sigue siendo la piedra angular del sistema monetario internacional y su estatus dominante beneficia a Estados Unodos al tiempoq ue reduce los costes de las transacciones con el resto del mundo. Pero como EE:UU. está llevando a cabo medidas fiscales irresponsables que mantienen la deuda en niveles demasiado altos y otras economías están ganando cada vez más peso conviene plantearse si no surgirá a medio plazo una alternativa al billete verde.

Desde el programa de Economía Internacional de Carnegie, William Shaw explica que la creación de un sistema de reserva multi-divisa es algo que debe plantearse y que no necesariamente sería una mala noticia para EE.UU. Ahora mismo el dólar es la principal divisa del mundo y supone el 61% de las reservas oficiales, además de utilizarse en el 85% de las transacciones internacionales y de servir como divisa para el 45% de los seguros de deuda internacionales. Esta ventaja no es trivial y este dominio del dólar frente a otras divisas ayuda a los estadounidenses y sus empresas a evitar costes y la incertidumbre de tener que trabajar con divisas extrangeras, pero también permie a las firmas del país emitir deuda a niveles atractivos sin riesgo de divisa.

Por su parte, el resto del mundo se beneficia de unos costes por transacciones más reducido. Además, los gobiernos no necesitan contar con una amplia reserva de varios tipos diferentes de divisas para internvenir en el mercado forex, ya que el propio dólar facilita las operaciones con otras divisas.

Sin embargo, no todo es positivo y esta hegemonía del dólar también tiene sus costes. En primer lugar, have que para EE.UU sea más fácil consumir e invertir por encima de sus posibilidades. La demanda de dólares también empuja su valor al alza -algo que se pudo comprobar durante la Gran Depresión, cuando el dólar se apreció ante la búsqueda de seguridad por parte de los imversores- y esto supone un lastre para las exportaciones. Al mismo tiempo, la necesidad de liquidez global supone una presión añadida para que el país mantenga su déficit por cuenta corriente y dado que el dólar se utiliza pricipalmente para invertir, su valor tiende a ser más volátil que el de otras divisas cuyo uso es puramente comercial. Al mismo tiempo, la irresponsable política económica de EE:UU. contribuye a oscilaciones en el valor del dólar, dejando a los países vulnerables a las fluctuaciones en el valor de su riqueza y una política monetaria cuando menos laxa deja a otros países vulnerables a la inflación de importación de los Estados Unidos.

En cualquier caso, tras la Segunda Guerra Mundial era prácticamente inevitable que la mayoría de transacciones se efectuasen en dólares, ya que Estados Unidos representaba aproximadamente el 50% de la producción mundial y tenía la única divisa convertible a escala internacional. Sin embargo, la recuperación de Europa y Japón, seguida del rápido crecimiento de los mercados emergentes ha cambiado el panorama y ahora hay más divisas que podrían ocupar esa posición.

Precisamente este hecho es lo que hace que nos preguntemos ¿Es el dólar el mejor instrumento para esta labor ahora mismo? Lo cierto es que antes de responder habrá que pensar en cuáles son las alternativas y la primera que sale a colación es un divisa de carácter mundial. Los beneficios de un instrumento de este tipo dependerán en cualquier caso de su capacidad para ser líquida y estable. Esto requiere mercados financieros grandes y capital. EE.UU. tiene a su favor que cuenta con el mayor y más liquido mercado financiero, además de una tradición de políticas financieras abiertas junto con un sistema legal fuerte.

Pero el billete verde también se enfrenta a problemas. Después de ocho años de creciente déficit fiscal bajo la administración Bush y los aumentos necesarios en el gasto del gobierno durante la crisis financiera, el déficit está en el 9% del PIB y la deuda bruta del gobierno federal en el a 93% del PIB en 2010.  Si a esto añadimos una política fiscal irresponsable y la crisis financiera, nos encontramos con que la confianza en la estabilidad del dólar está bajo mínimos. Además la disposición de los futuros gobiernos de EE.UU. a imponer fuertes reducciones en los gastos y el aumento de los impuestos para garantizar la sostenibilidad de la deuda, en lugar de aliviar la carga de la deuda mediante la inflación y la depreciación del dólar sigue siendo incierto, especialmente en lo que un porcentaje sustancial de esa deuda está en manos de extranjeros .

En segundo lugar, tampoco parece haber opciones mejores ahora mismo:

  • Euro: El euro, que figura en segundo lugar de las reservas internacionales, es la alternativa más lógica. Pero los mercados financieros de Europa no son tan profundos como las de los Estados Unidos y además Europa carece de un instrumento comparable a bonos del Tesoro de EE.UU. en el tamaño del mercado o de liquidez. Y, mientras que la confianza en el Banco Central Europeo (BCE) sigue siendo alta, pero por el funcionamiento de la UE, todavía son necesarios acuerdos entre países para sacar adelante determinadas medidas y esto resta agilidad. La crisis del euro ha puesto de manifiesto la inestabilidad inherente a una unión monetaria que no tiene acuerdos vinculantes para la coordinación de las políticas fiscales.
  • Yen: Japón sigue sumido en un crecimiento lento y altos niveles de deuda. Una población que envejece a mayor ritmo que en otros países junto con una fuerte resistencia a la inmigración puede limitar su capacidad de crecimiento y por lo tanto su potencial para desarrollar los mercados grandes y líquidos necesarios para una moneda de reserva.
  • DEG (SDR): Ha habido mucha discusión sobre el aumento del uso de los derechos especiales de giro del FMI (DEG), una cesta de cuatro monedas-en particular desde que China propuso esa medida en 2009. Pero una DEG -integrada por el dólar, el euro, la libra y el yen- apenas cuenta con el 1% de las reservas internacionales y el sector privado no tiene derechos especiales de giro que afecte a su utilidad en el mercado de divisas.
  • Oro: Hay quienes apuestan por rescatar el patrón oro, pero ligar la evolución monetaria global a un metal cuyo suministro es incierto podría considerarse algo temerario. Además, bajo el patrón oro antes de 1914, los países rindieron el control de su política monetaria a cambio de mantener la tasa de paridad fija, algo impensable hoy en día.
  • RMB: resulta más que probalme un aumento de la importancia del renminbi a medida que China gane crecimiento y siga integrándose en la economía muncia. China espera que transformar a Shanghai en un centro financiero internacional en 2020 pero a día de hoy el mercado financiero de China carece de profundidad, y los límites oficiales sobre el comercio de divisas y la convertibilidad del renminbi sea mucho menos atractivo para los titulares extranjeros.

Dada la falta de alternativas al dólar, este debería ser capaz de mantener su estatus dominante durante algún tipo. Cuánto dependerá de lo rápido que Europa sea capaz de actuar de verdad como una unidad política y fiscal y de lo que tarden China y otros países emergentes como India o Brasil en desarrollar unos mercados más abiertos y sofisticados. Puede que baste una década para el primer punto pero el segundo necesitará más tiempo. Mientras, es probable que el sistema montario internacional se mueva hacia acuerdos multidivisa que reflejen su flexibilidad.

Al mismo tiempo, el ritmo de la caída del dólar dependerá en gran medida de la política de EE.UU. El fracaso a la hora de restaurar la salud fiscal podría acelerar la huida del dólar, tal vez estimular el progreso en China y Europa e incluso lograr una mayor dependencia de alternativas internacionales como el DEG.

La inercia es un arma poderosa en los acuerdos monetarios internacionales, perotampoco es algo inmutable. La del Reino Unido permitió al dólar hacerse con la posición de privilegio que hoy ostentta y sin un programa fiscal creíble que permita reducir la deuda el dólar correrá el mismo destino que la libra en los años 20.

 

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Categoría: Divisas, Economía, Portada

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