Si miras tu cuenta a final de mes y notas que gastas menos de lo que podrías, no eres una excepción. En los últimos años muchos hogares han cambiado el chip. No es que de repente nos hayamos vuelto más austeros por convicción, es que el contexto empuja a ser prudente. Aunque la economía muestre señales de crecimiento y el empleo aguante, el ahorro precautorio sigue fuerte y, en muchos casos, creciendo.
Este tipo de ahorro no nace del deseo de invertir ni de planificar grandes objetivos. Nace del “por si acaso”. Por si suben los precios, por si el trabajo no es tan estable como parece, por si mañana toca apretarse el cinturón. Y esa sensación, hoy, está muy extendida.
La incertidumbre sigue marcando las decisiones familiares
Uno de los grandes motores del ahorro precautorio es la incertidumbre. Venimos de años muy intensos. Pandemia, inflación disparada, tipos de interés al alza, cambios constantes en el mercado laboral. Aunque ahora los titulares sean algo más optimistas, la memoria económica pesa. Mucho.
Las familias han aprendido que las cosas pueden cambiar rápido. Hoy tienes ingresos estables, mañana no lo sabes. Esa experiencia reciente hace que muchas decisiones se tomen con freno. Se gasta, sí, pero se piensa dos veces. Y lo que no es imprescindible, se retrasa.
Además, hay una percepción bastante generalizada de que los riesgos no han desaparecido del todo. El miedo a un imprevisto sigue ahí, ya sea una pérdida de empleo, un gasto médico inesperado o una subida de costes que descuadre el presupuesto mensual. Ante ese escenario, guardar un colchón aporta tranquilidad, aunque el dinero pierda algo de valor con el tiempo.
También influye la sensación de que el crecimiento económico no siempre llega igual a todos. Puede que las cifras macro[…]Leer noticia completa en la fuente original















